Formas de empezar un cuento, Paulina Mellado

Instituto Telearte, Santiago de Chile 2022

El manto indica el umbral tras el cual no hay más que contingencia y se desplaza sinuoso, a veces avanzando, otras retrocediendo. Cuando éste le gana terreno al mundo de lo manifestado todo es más ligero, un poco más imposible de lo imposible que es siempre todo.

La inspiración, la confusión y la melancolía son manifestaciones de Neptuno, que empaña la vida para devolvernos al sueño que siempre fue. La brusquedad de la vigilia obliga a los objetos a ser algo duro y diferenciado; tenemos que orientarnos, aunque sea provisionalmente. La niebla, siempre cambiante, disuelve las relaciones lógicas entre los objetos, los devuelve a los dominios de lo no manifestado. Ocultos a la vista de los demás descansan, y cada vez que son reclamados a emerger tienen la oportunidad de ser cualquier cosa (nos ofrecen la oportunidad de ser cualquier cosa).

 La vigilia obliga a sostener, el sueño obliga al cambio y la transformación.  

Desde este lado no quedan cosas por imaginar. Hemos de esperar a que la niebla avance y lo vuelva a engullir todo para que reaparezca renovado, transformado y libre. Se nos ha restringido la visión a unos pocos metros a nuestro alrededor y ahora el mundo emerge a partir de nuestro movimiento. La espesura es efervescente. Si miras sin poner la atención en nada concreto la percibirás acercándose; se acerca tanto que amenaza la posibilidad de disolución, de perderte tú también junto al resto de cosas que quedan detrás. Sin embargo, nada ocurre; te disuelves suave, imperceptible. La transición es tan agradable que caes en la cuenta que lo realmente angustioso es mantener la coherencia de ser algo. Un cuerpo que anhela ligereza no quiere mantenerse anclado.