Hacer Después, Susana Pérez Gibert

Saceca, Sagunto 2022

Levanto la carta para el 16 de septiembre a las 20:04 en Sagunto, Valencia.

Neptuno asciende, Sol desciende. Lo que era totalidad se fragmenta en mil pedazos. El otro me espeja, lo que creía que yo era se ha perdido en estos fragmentos. El otro es la referencia y la norma. Yo no soy más que algo que fue algo, algo que desaparece en un mundo de otros. Frente a estos desgarros, el afán que ensaya la reconstitución de un orden lleva en sí la voluntad del sol , que me recuerda que todo héroe se desarrolla en torno a lo imposible. Pero esta heroína es humilde y servicial, recoge los restos y los ensambla como puede. La oposición muestra un conflicto aparentemente antitético, y sin embargo estas fuerzas trabajan en alianza secreta: el caos se sobrepone al orden y el orden se sobrepone al caos; bajo esta perspectiva ninguno es verdadero, pues no hay más que devenir que en su ocio eterno se presenta como fantasía estructurante.

En la casa I somos transparentes, los impulsos se manifiestan sin filtrar. Júpiter y Quirón retrogradan la distancia que habían recorrido como si dudasen de esta decisión, y nos advierten de que la transparencia expande mi mundo pero también aporta dolor. La ofrezco en una intimidad espontánea, soy una lente que deja pasar la luz a través de sí y la distorsiona. Aunque quisiera desaparecer no podría dejar de distorsionar. El vidrio, sílice que fue sílice, recuerda cuando fue cosa opaca obstruyendo con su cuerpo la luminosidad; ahora modula la luz y quiere insinuar que en su transformación óptica es más liviano. Cuando pasa por la planta de reciclaje sufre múltiples transformaciones transitando por sistemas de orden y disciplina; pero las lógicas productivas de la planta, ajenas a sus reflejos y distorsiones, trituran y funden los fragmentos. Y aunque no se atiendan estas cuestiones también aquí se precisan operaciones de sensibilidad . En un punto del proceso un láser identifica los fragmentos de cerámica para expulsarlos a otro montón y mantener el vidrio puro, que ha sido delatado por su carácter transparente. Otras máquinas separan los vidrios por criterios de tamaño y color para así acumular los trozos en montones más homogéneos. Algo parece perderse en estas transformaciones. Me resulta imposible seguir la pista de uno de esos fragmentos y reconocerlo en su coherencia al final del proceso , las identidades provisionales no dejan fijar la mirada sobre ellas durante mucho tiempo.

Antes de terminar debería saber si existe alguna identidad que no sea provisional. Ya sea sometido al fuego o al estaño (fundido o ensamblado), es en el proceso de reconstrucción donde se presenta la madurez , pues se hace evidente que reunir fragmentos rotos no significa volver a un estado previo. Si la identidad es una forma, cuando ésta se destruye irrumpe un intervalo confuso bajo el cual toda estructura anterior no encuentra correspondencia con el ahora. Éstas tensiones las sufre una persona que fue persona , que va ensayando identidades mientras todo esto le desgarra. Cuando asumo o asimilo el devenir la forma desaparece, y así descubro que no era más que una cristalización momentánea a la que me aferré o en la que me distraje fijando la mirada. En el tiempo sin tiempo no existen las formas.